Higiene y Seguridad Laboral | Ciencia, Tecnología y Sostenibilidad
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Posted by mcusmai in Sociedad, Trabajo Seguro

Ciencia, Tecnología y Sostenibilidad

  • Fuente: http://www.gestiopolis.com/problemas-sociales-ciencia-tecnologia-frente-reto-desarrollo-sustentable/

De los grupos serios, responsables y preocupados, participantes del mundo avanzado tecnológicamente hablando, se podrían identificar dos posicionamientos enfrentados: los optimistas en relación con el desarrollo tecnológico y los pesimistas. Los primeros, aún reconociendo los efectos colaterales no deseables de la tecnología, argumentan que el desarrollo tecnológico es imprescindible para mantener a la población mundial y para hacer crecer el nivel de vida de la población. Sin la tecnología el mundo volvería a la barbarie y al subdesarrollo y muchos habitantes del planeta simplemente desaparecerían. La respuesta a nuestros problemas es más tecnología, ya que si la tecnología nos ha traído hasta aquí y nos enfrentamos a grandes problemas por ello, es la tecnología y el desarrollo científico, lo que nos tiene que sacar de esta situación comprometida actual.

Los pesimistas, por otra parte, son partidarios de actuar sobre el mundo actual, simplificando los estilos de vida, descentralizando las actividades productivas, volviendo a los cultivos naturales sin fertilizantes ni otros productos químicos, patrocinando el uso de energías alternativas y difundiendo en el mundo la idea de un desarrollo sostenible que proteja nuestro medio ambiente y la biodiversidad de la naturaleza. Sin dejar por ello, lógicamente, de alimentar a la población mundial y conseguir un nivel de vida aceptable para todos. Este grupo es, por supuesto, enemigo de la energía nuclear, del petróleo y de otras energías peligrosas y contaminantes, y se opone, como cabría esperar, a los productos transgénicos y a la manipulación de los genes en general.

Hoy, sin embargo, existe la conciencia generalizada de no poder ir mucho más lejos sin control del desarrollo tecnológico y sin fuerte atención a la protección del medio ambiente. Las nuevas tecnologías, por otra parte, especialmente las relacionadas con la vida y la genética, se manifiestan más amenazantes que nunca, aunque también en esto hay confrontación y diversidad de opiniones.

El reforzamiento de la capacidad científica ha sido establecido como una de las piezas claves del desarrollo sostenible. La Agenda 21 enfatiza la necesidad de “reforzar las bases científicas para llevar a cabo una gestión sostenible.”

El Informe de la Secretaría General, preparado por el Consejo Social y Económico de las Naciones Unidas (UNSEC, 1998), en referencia al capítulo 35, ‘Ciencia para el Desarrollo Sostenible’ de la Agenda 21, expone que:

“Habida cuenta de la creciente importancia que tienen las ciencias en relación con las cuestiones del medio ambiente y el desarrollo, es necesario aumentar y fortalecer la capacidad científica de todos los países, especialmente de los países en desarrollo, a fin de que participen plenamente en la iniciación de las actividades de investigación y desarrollo científicos en pro del desarrollo sostenible. Hay muchas maneras de aumentar la capacidad científica y tecnológica. Algunas de las más importantes son las siguientes: enseñanza y capacitación en materia de ciencia y tecnología, prestación de asistencia a los países en desarrollo para mejorar las infraestructuras de investigación y desarrollo que permitirían a los científicos trabajar en forma más productiva; concesión de incentivos para alentar las actividades de investigación y desarrollo y mayor utilización de los resultados de estas actividades en los sectores productivos de la economía.

Es necesario hacer especial hincapié en que los países en desarrollo fortalezcan su propia capacidad para estudiar su base de recursos y sus sistemas ecológicos respectivos y para ordenarlos mejor con objeto de hacer frente a los problemas en los planos nacional, regional y mundial”.

A lo que se añade en párrafos sucesivos que la “…investigación necesita llegar a ser más pro-activa y centrarse en la prevención e identificación temprana de los problemas emergentes así como en las oportunidades, más que en su actual enfoque en el que los problemas se afrontan una vez que se han agudizado.”

Al tenor de esta exposición se plantea la pregunta, qué tipos de problemas son los más críticos para el desarrollo sostenible y cómo la ciencia se puede movilizar mejor para darles respuesta. Los retos que afronta la ciencia en la búsqueda de la sostenibilidad no son solamente de tipo técnico; así, los aspectos empíricos y de metodología científica son retos fundamentales en el logro de un mejor entendimiento de nuestro medio natural y de los sistemas complejos del planeta. Finalmente, existen también aspectos de tipo moral y de procedimiento en la definición del rol del conocimiento científico y de las innovaciones que afectan a la gobernabilidad de los riesgos ambientales y tecnológicos, en relación a una gestión sostenible de los ecosistemas y a una comunicación efectiva de la información científica, en el logro de esos fines.

Los avances científicos están abriendo nuevos dominios en la innovación de potencial tecnológico, con potenciales consecuencias para la salud humana, la oferta energética, la producción de alimentos y la ingeniería ambiental. Estos campos de conocimiento avanzado conllevan muchas esperanzas para la humanidad, pero al mismo tiempo, ciencia y tecnología traen nuevos azares a la sociedad y nuevos retos para asegurar la calidad.

Los recursos financieros destinados al desarrollo sostenible siguen siendo extremadamente limitados, y muchas veces condicionados; el acceso de las naciones más pobres a las tecnologías ambientalmente idóneas continúa siendo sumamente restringido; no se han registrado modificaciones sustanciales en los patrones insostenibles de funcionamiento socioeconómico global; y consecuentemente, se han agravado muchos de los problemas ambientales locales, regionales y globales que afectan a la humanidad.

En lo referido a la transferencia internacional de tecnologías ambientalmente idóneas, el requerimiento de un mayor acceso de los países subdesarrollados a los nuevos adelantos tecnológicos continúa chocando con las nuevas estrategias corporativas y las actuales políticas comerciales de los países industrializados, que tienden a imponer normas más estrictas y uniformes para la protección de la propiedad intelectual; como se refleja en los resultados de la Ronda Uruguay y en las directivas de la Organización Mundial de Comercio.

Hasta el momento, a nivel internacional, se ha avanzado preferentemente en el desarrollo de tecnologías ambientales de fase final, destinadas a controlar la contaminación una vez que esta se ha producido; en lugar de dar mayor prioridad a aquellas tecnologías limpias orientadas a reducir sustancialmente la contaminación, desde las primeras fases del ciclo productivo, o a eliminarla cuando sea posible y que, por tanto, suponen cambios significativos en los patrones de producción y consumo. Según algunas estimaciones, el mercado global de las tecnologías ambientales a finales de los años 90 era del orden de los 500 mil millones de dólares; y la mayor parte de este monto correspondía al comercio de tecnologías de fase final.

Una característica de los nuevos dominios de las innovaciones científicas es su intervención en procesos biológicos complejos y ecosistemas, donde asegurar la calidad en términos de resultados es casi imposible. Esta dificultad requiere cierta reflexión, durante mucho tiempo se ha reconocido que las actividades de producción industrial, consumo y agricultura intensiva podían producir efectos indeseables o negativos en ecosistemas y en la calidad ambiental. Lo que se ha enfatizado, más recientemente, es que algunas de esas consecuencias adversas pueden tener un horizonte temporal de muy largo plazo, efectos irreversibles y una muy difícil gestión.

En estos momentos, debemos aceptar e internalizar la preocupación de que las intervenciones científicas en procesos naturales complejos pueden constituir una fuente propia de generación de problemas, que afecten no solamente al medio natural sino también a la salud, al sustento de la población y las perspectivas económicas. Estos hechos son claramente observables en los riesgos que conllevan la industria nuclear y las aplicaciones de biotecnología basadas en ingeniería genética; observándose también en el complicado y frágil sistema de producción de comida y comunicación de los que dependen las sociedades modernas. Así, muchos de los logros en el proceso de incremento de la productividad dentro de la industria agro-alimentaria dependen de una permanente utilización de pesticidas químicos, fertilizantes, semillas híbridas o genéticamente modificadas. Estos desarrollos tecnológicos pueden afectar sobremanera la vulnerabilidad de los sistemas de producción alimentaria ante cambios tecnológicos, naturales o económicos. La producción intensiva está también, en muchas regiones, produciendo negativas consecuencias para la calidad de las aguas y suelos, viéndose afectadas sus productividades a largo plazo.

Los problemas complejos como la salud, el medio ambiente, entre otros, han demostrado los límites de la capacidad de la ciencia de predecir y controlar. Un testimonio son los problemas globales como el cambio climático. Se observa que antiguas enfermedades que se consideraban extinguidas reaparecen y se multiplica el número de nuevas enfermedades; se producen accidentes nucleares; el caso de las vacas locas demuestra la vulnerabilidad de los controles tecnocientíficos y los desastres ecológicos ocurren a diario. Todos estos ejemplos son también el resultado de los procesos de industrialización que la tecnología ha hecho posibles. La Revolución Verde es un claro ejemplo de destrucción ambiental asociada al avance tecnológico.

Las actividades industriales y agrícolas provocan cambios en los ciclos biológicos, químicos y geológicos que perturban los sistemas naturales. Asistimos a la desaparición de especies, contaminación del aire y del agua, el agujero en la capa de ozono, sequías y exceso de lluvia, inundaciones, huracanes, tsunami, entre otros.

Se observan un montón de paradojas: los plaguicidas crean plagas, los antibióticos hacen surgir nuevos agentes patógenos, los hospitales son focos de infección, el desarrollo agrícola aumenta la brecha entre ricos y pobres. Se abre paso la convicción de una nueva conciencia de la ciencia, sistémica y humanista, que asimila la incertidumbre y los compromisos con los valores. La comprensión de la complejidad se abre paso.

Los problemas ambientales, entre otros, plantean a la ciencia y la sociedad problemas nuevos. El ideal de la ciencia libre de valores; la ingenua idea de que a partir de los hechos científicos es posible extraer conclusiones inapelables y de ellas deducir acciones y políticas incontestables, está en buena medida descartada. Ahora se admite que la ciencia y las políticas que en ella se asientan, se vinculan estrechamente con los valores que guían las decisiones; en muchos casos carecemos de respuestas únicas y completas y en consecuencia, es preciso aprender a lidiar con la complejidad, la incertidumbre, el riesgo. En materia ambiental con frecuencia no es posible explicar y predecir sobre la base de teorías probadas; frecuentemente sólo es posible tener modelos matemáticos, simulaciones por computadora, soluciones aproximadas. A este tipo de práctica científica, envuelta en valores en conflicto, incertidumbre y riesgos, algunos autores prefieren denominarla “ciencia post-normal”, en alusión a una época en que la norma para la práctica científica podía ser la solución rutinaria de problemas sin considerar cuestiones éticas, políticas o metodológicas complejas (Funtowicz y Ravetz, 1997).

Una lección a aprender es que la relación entre los avances en la ciencia y las tecnologías científicas, por un lado, y el desarrollo sostenible por otro, es compleja, ambigua y presenta múltiples facetas. Simplemente, el reconocimiento de los límites ecológicos en términos de producción y consumo económicamente sostenibles conllevan que “más output” no es lo mismo que “buen output”, así, no necesariamente más conocimiento científico expresado en innovaciones científicas tendrá como resultado una sociedad más sostenible.

Ante todo esto se deben plantear importantes cambios en la relación existente entre los problemas afrontados por la ciencia y las soluciones científicas que sean necesarias. Algunos de estos cambios son:

  • La Ciencia no debe ofrecer el ‘beneficio’ de nuevos descubrimientos y aplicaciones, como un tipo de valor añadido para la inversión.
  • En cambio, debe jugar el papel de intentar rellenar un déficit de conocimiento ante el crecimiento de la preocupación por problemas como la contaminación de las aguas, desechos radiactivos, disminución de recursos renovables, cambio climático, otros aspectos de la contaminación atmosférica y efectos en los hábitat terrestres y acuáticos.
  • Cada vez más, los análisis se desarrollan con el fin de contribuir a respuestas políticas o tecnológicas. A este respecto, se puede hablar de una actividad científica diseñada con el fin de servir a los fines del desarrollo sostenible.
  • Sin embargo, esta “ciencia para la sostenibilidad” tendría que ser una ciencia orientada a problemas, así como generadora de curiosidad o dirigida a un objetivo; dirigirse a los problemas claves para la sostenibilidad, sin considerar su capacidad para encontrar una solución tradicional. Estas cuestiones incluyen complejos y difíciles problemas, sin olvidar aquellos en los que nuestro conocimiento esta afectado por la incertidumbre, la ignorancia y el conflicto de valores.

Una de las implicaciones que se deducen es que dentro de las prioridades de la ciencia se debe analizar si la ciencia puede contribuir efectivamente al desarrollo sostenible. Este es un mensaje que se tiene que comunicar a sí misma la comunidad científica; la práctica científica no esta básicamente libre de valores, pero tiene que encontrar sus justificaciones en referencia a las preocupaciones sociales prevalecientes. El objeto del ámbito científico, en este nuevo contexto, podría bien ser el de impulsar el proceso de resolución social del problema, incluyendo la participación y el aprendizaje mutuo entre los agentes involucrados, en vez de la búsqueda de soluciones definitivas o implementaciones tecnológicas.

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